Imprescindibles
- Bóveda de Luca Giordano
- Salón de Baile
- Fachada de Velázquez Bosco
- Biblioteca del Prado
Del enorme palacio que Felipe IV mandó levantar a las afueras de Madrid hace casi cuatrocientos años, solo quedan dos edificios en pie. Uno es el Salón de Reinos, hoy ampliación del Museo del Prado. El otro es el Casón del Buen Retiro, un volumen sobrio de piedra y ladrillo en la calle de Alfonso XII que muchos transeúntes toman por un edificio administrativo.
Conviene aclarar lo que el Casón es hoy. Durante décadas fue una sala de exposiciones del Prado, donde se mostró la pintura del siglo XIX y, entre 1981 y 1992, el Guernica de Picasso. Hoy ya no recibe visitas como un museo ordinario: acoge el Centro de Estudios del Museo del Prado, con su biblioteca, su archivo y sus departamentos de conservación. Se puede entrar, pero con condiciones.
De palacio de recreo a centro de estudios
El Buen Retiro nació en la década de 1630, cuando el conde-duque de Olivares quiso regalar al rey un lugar de descanso con jardines, estanques y teatro. El Salón de Baile, que es lo que llamamos Casón, se proyectó en 1637 con arquitectura de Alonso Carbonell y se concibió como sala de fiestas y de teatro cortesano. De aquel espacio sobrevive la bóveda de cañón, de proporciones majestuosas.
El palacio se deterioró con el paso del tiempo y quedó muy dañado durante la Guerra de la Independencia, a comienzos del siglo XIX. El Casón se salvó, y en el siglo XIX se le añadió una fachada nueva, obra del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, con la que se conoce hoy el edificio por la calle de Alfonso XII. En el interior, el resto de las estancias se transformaron en salas de museo.
Durante buena parte del siglo XX albergó las colecciones de pintura decimonónica del Prado, unos tres mil cuadros, hasta que en 1981 recibió el Guernica, que permaneció aquí hasta su traslado al Reina Sofía. Después de varias etapas de uso, el Casón se destinó a ser la sede de investigación y documentación del museo.
La bóveda de Luca Giordano
La gran atracción visible es el techo del antiguo Salón de Baile. El pintor napolitano Luca Giordano, que trabajó en España a finales del siglo XVII, lo decoró con la Alegoría del Toisón de Oro, una gran composición al fresco donde figuras mitológicas, personificaciones y símbolos monárquicos giran en torno a la Orden del Toisón de Oro. Se trata de un homenaje a la monarquía de los Austrias en la etapa final de Carlos II.
Giordano pintaba rápido, con fama de resolver cada composición en cuestión de días, y esta obra muestra su estilo: color luminoso, figuras en escorzo y una arquitectura fingida que parece abrirse al cielo. Verla en directo requiere mirar hacia arriba un buen rato, y el tamaño de la sala ayuda a apreciar la escala.
Hoy el espacio funciona como sala de lectura de la biblioteca, así que se contempla bajo luz de estudio, con mesas de consulta y estanterías. Esa combinación, un techo barroco sobre un lugar de trabajo silencioso, es lo más singular del Casón.
Cómo se visita en la práctica
Hay dos formas de entrar. La primera es la visita guiada del Museo del Prado: se solicita en el mostrador de Educación, junto a la puerta de los Jerónimos, con media hora de margen, y requiere entrada al Prado. La segunda es la consulta de la biblioteca, que se hace por la mañana, de lunes a viernes, previa cita pedida por correo con un par de días de antelación. Esta segunda vía es para quien tiene una consulta concreta.
No hay entrada propia ni taquilla en la puerta del Casón, y los horarios dependen de la organización del Prado, de modo que lo más prudente es mirar la web del museo, museodelprado.es, al plantear la visita. Por eso la ficha de esta página no recoge un horario fijo.
La biblioteca guarda unos 150.000 volúmenes de arte, además de archivo y documentación del museo. Los departamentos de conservación trabajan en otras plantas y no se visitan.
Cómo llegar y qué ver cerca
El Casón está en la calle de Alfonso XII, 28, a la espalda del Prado y en el borde del Retiro. Las paradas de metro más prácticas son Retiro y Atocha. Desde el Museo del Prado se llega caminando en pocos minutos.
El entorno ofrece más de lo que parece. El parque del Retiro queda al otro lado de la calle, con el Palacio de Velázquez como sala de exposiciones. La Real Fábrica de Tapices y el Museo Nacional de Artes Decorativas están a un paseo corto. Para planificar el día alrededor del Paseo del Arte, consulta la guía de museos de arte en Madrid.
El Casón y el Salón de Reinos
Los dos edificios que sobreviven del Buen Retiro tuvieron destinos paralelos. El Salón de Reinos, el gran salón del trono donde se colgaron cuadros de Velázquez, Zurbarán y Maíno para glorificar al rey, pasó a formar parte del Museo del Prado, que lo destina a sus usos de ampliación. El Casón, en cambio, se reservó para el trabajo interno de la institución. Entre ambos se dibuja la silueta del antiguo palacio, hoy fragmentada por calles y edificios de otras épocas.
Entender esa relación ayuda a saber qué esperar. Del Salón de Reinos se sale con la sensación de haber visto un palacio por dentro, mientras que del Casón se sale con la de haber visto un taller de investigación bajo un techo barroco.
Para quién merece la pena
Si buscas un museo con salas abiertas y obras colgadas, el Casón no es el sitio. Si te interesa la historia del Madrid de los Austrias, la arquitectura barroca o los fondos documentales del Prado, la visita guiada compensa por la bóveda de Giordano y por el valor de ver un fragmento original del palacio del Buen Retiro.
Para los aficionados al arte tiene un atractivo añadido: la biblioteca del Prado es una de las mejores del país en historia del arte. Quien prepare un trabajo sobre pintura española encontrará aquí fuentes que en otras bibliotecas no hay.
Y un detalle que casi nadie nota desde la calle: la fachada de Velázquez Bosco, de piedra y ladrillo, dialoga con la del Museo del Prado, aunque no son del mismo siglo ni del mismo arquitecto.