Imprescindibles
- El ajedrecista
- El telekino
- Máquinas analógicas
- Maqueta del Spanish Aero Car
En un edificio universitario de la Ciudad Universitaria, con pasillos de escuela y carteles de asignaturas, se guarda uno de los conjuntos de ciencia aplicada más sorprendentes de Madrid. El Museo Leonardo Torres Quevedo no está en la guía de ningún circuito turístico, y es precisamente eso lo que lo convierte en una visita especial: pequeña, gratuita, con guía y casi sin público.
Quién fue Leonardo Torres Quevedo
Nació en Santa Cruz de Iguña, en Cantabria, en 1852, y murió en Madrid en 1936. Era ingeniero de caminos, pero su fama se debe a la invención más que a las obras civiles. Su obra abarca calculadoras analógicas, el telekino, el ajedrecista y proyectos de transbordadores aéreos. Se le considera un precursor de la informática y de la automática, y su nombre aparece en casi cualquier historia de la ingeniería española.
Si tienes dudas de por qué un ingeniero de caminos acabó fabricando autómatas, la respuesta es el contexto: a comienzos del siglo XX, en España, no existía una industria que acogiera a un inventor de ese tipo. Torres Quevedo trabajó con apoyo institucional y con mucho ingenio.
El origen de la colección
El museo hunde sus raíces en el Laboratorio de Automática que se creó para Torres Quevedo en 1906 y que se denominó así formalmente en 1911. Desde ese laboratorio se desarrollaron muchos de sus prototipos, y las piezas se han conservado y trasladado hasta formar la colección actual, custodiada por la Universidad Politécnica de Madrid dentro de la Escuela de Caminos.
Eso da a la visita un valor particular: lo que ves no es una reproducción de museo, sino máquinas de trabajo de principios del siglo XX, con sus ajustes artesanales y sus huellas de uso.
Qué ver en el museo
La visita se organiza en torno a varios inventos principales:
- El ajedrecista, un autómata electromecánico capaz de jugar un final de partida con rey y torre contra rey. Es el más célebre del conjunto, una de las primeras máquinas que tomaron decisiones sin intervención humana.
- El telekino, un aparato de mando a distancia que permitía controlar un mecanismo mediante señales por radio. Se considera un antecedente de los mandos remotos actuales.
- Máquinas de cálculo analógico, diseñadas para resolver ecuaciones algebraicas, con ruedas y poleas de gran precisión.
- Planos, documentos y maquetas, entre ellas una réplica del transbordador aéreo de las cataratas del Niágara, proyecto por el que es famoso fuera de España.
No es una sala llena de pantallas. Es un conjunto sobrio, que mejora mucho cuando alguien explica cómo funcionaba cada mecanismo.
Cómo es la visita
Aquí lo imprescindible es la cita. El museo no abre a visitantes sueltos: se solicita por correo, en [email protected], o por teléfono, en el 91 336 64 15, y se acuerda día y hora. Las visitas se realizan de lunes a viernes por la mañana, de 10:00 a 14:00, y duran más o menos una hora y cuarto.
La entrada es gratuita. Puedes ir solo, en pareja o con un grupo pequeño; para grupos grandes conviene avisar con tiempo. Conviene concretar la visita con algunas semanas de margen en épocas de más demanda, como la Semana de la Ciencia de Madrid.
Por qué merece la pena aunque no seas ingeniero
La parte más interesante no es la técnica, sino las preguntas que plantea. El ajedrecista funcionaba con electroimanes y circuitos sencillos, y aun así resolvía un problema que hoy se asocia con la automatización de decisiones. El telekino, por su parte, se probó para dirigir un bote a distancia, y Torres Quevedo lo concibió pensando en la seguridad, para que nadie tuviera que arriesgar la vida en pruebas peligrosas. En cada pieza se ve a un inventor que primero pensaba en un problema y después diseñaba el mecanismo.
Las calculadoras analógicas son otro mundo. Representan cantidades con giros y distancias, no con números, y con ellas se resolvía lo que hoy resuelve una hoja de cálculo. Aprecias mejor su belleza cuando el guía te enseña cómo se mueve cada disco.
La visita también sirve para entender la Escuela de Caminos, la institución que alberga la colección y que ha formado a generaciones de ingenieros. El edificio mismo cuenta una parte de esa historia.
Cómo llegar
El museo está dentro de la ETSI de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la UPM, en la calle del Profesor Aranguren, número 3. La estación de Ciudad Universitaria (línea 6) es la más cómoda, y por la zona pasan también varios autobuses, como el 82 o el 132. Una vez en el campus, pregunta en conserjería por el museo; está dentro del edificio de la Escuela.
Qué combinar en la zona
La Ciudad Universitaria no tiene muchas visitas de este tipo, de modo que es mejor combinarla con otro plan de ciencia en la ciudad. Los museos de ciencia en Madrid reúnen alternativas, y el Museo de Ciencia y Tecnología o el Museo Geominero son dos complementos naturales. Para una jornada más literaria, la Biblioteca Nacional queda al otro lado de la ciudad.
Como la visita es gratis, también aparece entre los museos gratis en Madrid.
Consejos para sacarle partido
- Pide la visita con una idea clara: si te interesa la informática, pide que se detengan en el ajedrecista y las calculadoras; si prefieres ingeniería civil, en las maquetas y los transbordadores.
- Lleva el móvil con batería para fotografiar, si el guía lo permite.
- No es un museo para ir con prisa: el valor está en escuchar las explicaciones.
Y una anécdota que conviene tener presente al entrar: el ajedrecista se presentó en París en 1914, años antes de que existiera la palabra “ordenador”.